Los principales tipos
de agua en función de su composición química son los que
a continuación se definen:
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Aguas Sódicas: en su composición predomina el
sodio. Se utilizan para terapias estimulantes.
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Aguas Sulfuradas: en su composición predomina el azufre. Previenen
las enfermedades de la piel (eczema, psoriasis o queratosis), procesos reumáticos
y respiratorios (asma, rinitis, laringitis,...). También son utilizadas
en traumatismos y en enfermedades hepáticas.
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Aguas Sulfatadas: a su vez pueden subclasificarse en varios tipos.
Tienen propiedades laxantes y diuréticas.
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Aguas Bicarbonatadas: son aguas de baja mineralización, alcalinas
y frías. Ayudan al proceso digestivo, estimulan la secreción pancreática
y tiene funciones diuréticas alcalinizando la orina.
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Aguas Cloruradas: en su composición predomina el cloruro. Son
de gran utilidad en afecciones dermatológicas. También tienen efecto
antiinflamatorio si en su composición se encuentra sodio.
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Aguas Ferruginosas: se trata de aguas ricas en hierro. Entre sus efectos
destacan los tratamientos en caso de anemias. Otras indicaciones son los casos
de obesidad, problemas biliares, reumatismos, afecciones dermatológicas
y para el desarrollo infantil.
- Aguas Sulfurosas:
de gran utilidad para los procesos reumáticos, las afecciones articulares,
post-operatorios, inflamaciones alérgicas y afecciones respiratorias.
- Aguas Radioactivas: están compuestas
por radón. Se utilizan para afecciones del sistema neurovegetativo, endocrino,
alteraciones en el sistema respiratorio crónicas, reumatológicas
y afecciones dérmicas.